EVELIA, LA MIGRACIÓN Y LA ESCUELA: LA EXPERIENCIA DE VIDA DE UNA NIÑA DE TABASCO, MÉXICO

EVELIA, MIGRATION AND SCHOOL: THE LIFE EXPERIENCE OF A GIRL FROM TABASCO, MEXICO

Josefina Barojas Sánchez (México)

barojas642@hotmail.com

Investigación


Recibido: 18/11/2014

Aprobado: 4/12/2014



RESUMEN: En las comunidades rurales la migración trastoca de manera integral la vida de las niñas, hijas de migrantes. Para dar cuenta de las modificaciones de vida en las mujeres que viven la experiencia migratoria del padre, se utilizó el método etnográfico para abordar la experiencia de vida de una niña llamada Evelia. Se describe la forma en que vive la ausencia paterna, las implicaciones de la separación y la relación que se establece con la escuela cuando se tiene un padre que migra a Estados Unidos por cuestiones de trabajo. La migración laboral está gestando un vínculo cercano con la madre y una separación con el padre. En sí, el estudio muestra el posicionamiento del género femenino en las familias que tienen como práctica la migración internacional. 

PALABRAS CLAVES: migración, experiencia de vida, género. 

SUMMARY: In rural communities, emigration comprehensively overturns the lives of girls, the daughters of emigrant fathers. To account for the life changes of women who experience the emigration of their father, the ethnographic method was used to address the life experience of a girl named Evelia. This study describes the way the girl experiences the paternal absence, the implications of separation, and the type of relationship built with the school, when the father emigrates to the United States for work. Labor migration is facilitating the development of a close bond between daughter and mother and a separation from the father. Substantially, the study shows the positioning of the female gender in families that practice international migration. 

KEYWORDS: migration, life experience, gender. 

 

INTRODUCCIÓN

La migración mexicana a Estados Unidos se produce sobre todo por la necesidad de satisfacer las necesidades económicas de una familia. Al menos ése es el imaginario[1] que circula en diversas poblaciones de las que Tabasco no es la excepción. Los niños y niñas tabasqueños no son ajenos a esa experiencia; ellos miran cómo el padre se va de la casa por temporadas cortas o períodos prolongados, e incluso que hay casos en que ya no regresa.  

 En el lugar que sirve como referencia principal de este estudio, la migración obedece también a una condición de género: los hombres son los que migran. Ellos todavía conservan su papel de proveedor económico y de autoridad, en consecuencia, son ellos los que deben salir a trabajar, mientras las mujeres permanecen en casa esperando su regreso.

Evelia es hija de un hombre que ha migrado a Estados Unidos. Esto ha modificado su vida de manera integral, más aún porque lleva más de seis años de no verlo. Sin embargo, mantiene la ilusión de que regrese a casa y de estar junto a él nuevamente. El escaso contacto que mantienen Evelia y su padre es a través de la telefonía celular.

Cuando se toca el tema de la migración en las zonas rurales, debe observarse el papel fundamental de los niños. Sus versiones del fenómeno son esenciales, dado que restituyen una lectura de los acontecimientos derivados de la migración por razones laborales. Pero, más aún, porque ellos no son ajenos al mundo complejo de las trasformaciones sociales. En este sentido, el presente artículo coincide con Cerdas (2006) respecto a incorporar a los niños socialmente hablando, y visualizarlos así como personajes activos, cuyo papel es un ingrediente que también da sentido a la vida social.


La migración actúa como un proceso que trasformaciones que no son meramente las aportaciones económicas o la mejora de condiciones materiales. La migración organiza y reorganiza identidades. En el caso de Evelia, conviene destacar en primera instancia que su transitar como mujer está cimentándose en el marco de la ausencia paterna, una relación profunda con la figura de la madre, y otra complicada con los hermanos. 

Este escrito pretende dar cuenta de la experiencia de vida de Evelia, para así mostrar cómo se manifiesta la migración en la vida de una niña en una comunidad rural, y la forma en que este hecho impacta en su asistencia a la escuela.

A fin de hacer comprensible la experiencia de la migración en una niña, se ha estructurado este artículo a partir de las formas narrativas[2];  pretendemos así que el lector recupere el lugar de la niña en la familia, de su forma de vivir la migración y de cómo se ve trastocada su asistencia a la escuela. 

 

MÉTODO Y MATERIALES

Dado que se eligió el método etnográfico para construir las experiencias de vida de Evelia, fue necesario incorporarme a su comunidad. Conviví en diferentes momentos con ella. Algunas tardes visitaba su casa para conversar con su abuela enferma en el corredor de una casa rústica. La abuela permanecía durante largo tiempo acostada en la hamaca por sus problemas de artritis, se le hacía difícil caminar. Esta circunstancia me facilitó el escuchar y observar a la niña, e incluso dio pie para valorar la pertinencia del método etnográfico cuando se aborda el tema de la migración en los escenarios rurales mexicanos, de los cuales existe poco trabajo, en especial sobre el caso de las niñas pequeñas. 

Evelia vivía en una casa aledaña. Por las tardes, después de su jornada escolar, ayudaba en el cuidado de la abuela materna acercándole los objetos o alimentos que necesitaba. Esta situación permitió un diálogo más frecuente con ella. Por otra parte, implementé con niñas y niños de la comunidad talleres de dibujos en la escuela y biblioteca de la comunidad, actividades a las que Evelia asistía,  aprovechaba y disfrutaba mucho. 

Los instrumentos metodológicos de apoyo consistieron en el registro de observación participante, el uso de la entrevista semiestructurada, encuentros informales, así como reuniones de trabajo en grupo con las demás niñas, las cuales se dieron a partir de los contactos en la escuela. A todo ello se deben sumar las observaciones en situaciones y escenarios distintos: entrevista con la madre y, cuando hubo oportunidad, con el padre, y con todos los personajes posibles que, se detectara, eran importantes en la vida de la niña, siempre tomando en cuenta que la propuesta metodológica de este estudio consiste en que, al entablar un diálogo con las niñas, con la utilización del género se capta el origen, el proceso y la naturaleza de los significados que emergen de la relación entre las mujeres y la migración. 

 

EL LUGAR DE ESTUDIO

El lugar de estudio forma parte del estado de Tabasco. Es una comunidad  fundada por migración nacional, productora de migración internacional y tránsito de la migración centroamericana. Es una comunidad ubicada en la frontera México-Guatemala.

   Ubicación de la comunidad de estudio, 2014.[3]  

LA NIÑA

Al momento de la investigación, Evelia cumplía ocho años de edad, y asistía al segundo de primaria de la educación básica. Era reservada y tímida. Cuando se encontraba en la escuela, vestía el uniforme que asignaba ésta: falda café, blusa beige, calcetas blancas largas y zapatos negros. Pero en casa utilizaba pantalones cortos, camisetas y sandalias: la forma de vestir común en las zonas cálidas del sureste mexicano. Su apariencia física era una de sus preocupaciones; le gustaba mostrarse bien aliñada, peinada y con adornos en el cabello que la madre le proveía cuando le era posible adquirirlos. 

Además del padre que radica en Estados Unidos específicamente en el estado de Alabama, y con él se realizaron entrevistas en profundidad vía telefónica, la familia de Evelia se integra con su madre, dos hermanas y un hermano, mayores que ella. La abuela materna es otra persona que le es cercana afectivamente. Desde que esta niña recuerda, su padre ha viajado mucho a Estados Unidos a trabajar. Para toda esta familia el hecho se ha convertido en un ir y venir, sin embargo, esta última vez la estancia ha sido más prolongada.

 

EL ENCUENTRO CON EVELIA

El primer encuentro con Evelia sucedió en su casa a raíz de un rezo realizado para su abuelo que cumplía cuatro años de fallecido. Para este evento, las vecinas, como una forma de apoyar a la familia, junto con las mujeres de la casa, prepararon una comida que consistió en tamales[4] para las personas que acompañaron en la ceremonia que rememoraba la muerte del abuelo materno. 

El rito consistió en una serie de oraciones; cuando concluía cada una, Evelia y otras más se acercaban a ofrecer comida y refrescos a los asistentes. Si bien esta niña no participaba en actividades que requerían mucho esfuerzo, sí desempeñaba otras que contribuían al rito. Su ayuda se concentraba en acercar objetos a los adultos, en transportar pequeñas sillas o brindar atención a los adultos que llegaban.

En este lugar, las mujeres, niñas o adultas, cumplen un papel muy importante en las festividades y ritos religiosos. Una vez concluida la ceremonia, nos dirigimos al panteón para llevar las veladoras a la tumba. Fue ahí cuando la niña me comentó que, en esa comunidad, las personas acudían hasta el cementerio cuando querían hablar por teléfono celular, pues allí y en la escuela de bachilleres la recepción era la mejor. 

Al principio, los encuentros con esta niña fueron cortos, pues su timidez le inhibía expresar lo que quiere y piensa ante personas con las que no había creado un lazo de confianza. Así, nuestras conversaciones giraron primero respecto a la escuela y se fueron dando de manera paulatina. Hubo momentos en que nos encontrábamos en el camino cuando ella salía o retornaba a su casa; a pesar de esta cercanía física, iba silenciosa mirándome de reojo. Generalmente los diálogos más abiertos se establecieron a través de sus medias hermanas, abuela y tía. Esta última es quien funge como su madre. 

Por su corta edad, Evelia juega con los primos que viven cerca de su casa; y en general ve televisión en compañía de niñas y niños de su misma edad y de sus hermanas mayores. Su relación con la madre es muy cercana; suele acompañarla cuando ella sale de la comunidad. Evelia tiene las características propias de la hija menor de la familia:

“Las niñas ayudan y trabajan con la mamá. A los papás no, porque los hombres van a la parcela y las niñas se quedan en la casa ayudando a la mamá”. Esto a la vez le permite definir la manera en que se diferencia el género femenino del masculino: “Las niñas son trabajadoras e inteligentes y ayudan a su mamá”. 

Evelia ha sido educada por la mamá para ser muy ordenada, por eso viste con mucha pulcritud y es obediente con sus padres. Además le agrada mucho asistir a la escuela, lo que es muy valorado por su padre que radica en Estados Unidos. Él piensa que la niña es muy inteligente y que, por consiguiente, debe impulsar sus estudios en la educación básica e incluso en niveles superiores si ella los emprendiera en algún momento. De hecho el padre desea legalizar su situación laboral en Estados Unidos con miras a que algún día la niña pueda visitarlo sin problemas.

El caso de Evelia es muy particular. La niña no es hija de quien menciona que es su madre. La verdadera mamá es la que asume el papel de tía, es decir, la tía Lola es en realidad la madre de Evelia. 

Se podría decir que Evelia fue dada en adopción debido a que su madre (hermana de la tía) mantuvo una relación extramarital mientras su esposo había migrado a Estados Unidos. Esto causó que el marido no regresara sino ocho años después. Evelia, entonces, es producto de una relación extramarital de su madre, lo que fue el detonante para que sus verdaderos padres se divorciaran.

 


Por otra parte, aunque esto no se da de forma expresa, la hija mayor de Lola (a la que llama su tía), ve con cierto recelo la presencia de la niña. Lo mismo ocurre con las medias hermanas, ya que están conscientes de que la mamá dedica mucho tiempo a los cuidados de la niña; en tanto que el papá le presta mucha atención durante las llamadas. La versión del padre es que extraña a su hija.

Sin embargo, la madre adoptiva tiene un fuerte resentimiento contra el padre porque considera que Evelia ha quedado desamparada, que este hombre se ha desligado de ellos, que ha pasado mucho tiempo sin que él regrese, y tampoco envía remesas para la provisión de la niña:

Me siento acompañada con mi mamá y la niña, las dos solitas somos, estamos las tres, ése es mi ánimo, la chiquita. Sí, porque uno se deprime, no quiere uno ni hacer comida, ni hacer nada, estar pensando en ellos, (refiriéndose al padre) dándose la buena vida, comiendo, bebiendo, saliendo a fiestas y uno acá encerrado.

Como hija de migrante, Evelia experimenta los sentimientos que los hermanos proyectan sobre el padre, además de que en parte funciona como el continente anímico de la mamá, el que es originado por la ausencia paterna.

La hermana de Lola y el esposo ausente asumieron la adopción de Evelia, a la que consideran y quieren como si fuera en verdad su hija biológica. En principio, esta situación empezó a perturbar a la hermana de Lola, pues fue la abuela la que ventiló que la niña no era de ella.

Algo que llama la atención es que la niña ha escuchado que la abuela refiere que ella es hija de quien considera su tía, sin embargo, la niña no se manifiesta sobre esta situación, tal vez porque su mamá adoptiva la cuida, la protege, le da cariño y la provee materialmente con el producto de la venta de tamales, o la limpieza de casas por la que le pagan cincuenta pesos y que ella distribuye entre la alimentación de la niña, los útiles para la escuela o alguno de los antojos que la niña le solicite.

Lo cierto es que la migración ha impactado fuertemente en la vida de Evelia. Ha visto partir al padre que la ha adoptado, por quien tiene gran afecto y cariño y a quien añora permanentemente. En tanto que su verdadero padre radica también como migrante en Alabama.

La prolongada ausencia del padre ha ocasionado que entre madre e hija haya una relación muy cercana, sobre todo porque el enojo y la tristeza han provocado que la mamá la vea como refugio. Aunque tiene otras hijas de mayor edad, ve en Evelia la posibilidad de un apoyo emocional fuerte, y es la hija que, opina esta mujer, no “le permite hundirse en su dolor”.

Evelia está consciente de que sus hermanas y hermano adoptivos odian a su padre porque creen que los abandonó; sin embargo, ella vive esperando que el papá regrese. La madre me llegó a comentar que Evelia me pediría que le trajera a su padre de Estados Unidos. Los sentimientos que la niña percibe de hermanas y hermano los externa así: “Las hermanas y el hermano no quieren al papá porque vive en Estados Unidos y piensan que no los quiere”.

La realidad es que para Evelia el único sostén es la mamá adoptiva, de quien ella dice que trabaja de Cenicienta: limpiar, lavar ropa, limpiar la casa de una maestra de la comunidad. En un encuentro con la niña le preguntaba, “¿en qué trabaja tu mamá?”, “de Cenicienta” ¾respondió, “¿de Cenicienta?” ¾le pregunté, ¾“¿cómo es eso?”, ¾“sí, ella limpia la casa de la maestra, barre, lava la ropa, hace comida y cuida a un niño, eso lo hace todos los días. Por eso es que su trabajo es de Cenicienta. Eso me ha dicho ella”. Por las condiciones de vida de esta niña, tal vez asuma también a corto plazo el empleo de Cenicienta, dado que a su edad ya comparte las tareas de la madre.

La experiencia de Evelia muestra cómo se manifiesta la migración en la vida de las niñas. Ella es producto de una relación extramarital de su madre biológica, cuyo esposo se ausentaba por largas temporadas, por esto Lola decide darla en adopción a su hermana y al esposo de ésta, quien tiene cinco o seis años de vivir en Alabama, y que considera a Evelia como su hija menor.

La estancia del padre adoptivo en Alabama repercute en la niña, sobre todo porque la mamá le trasmite su malestar por el no retorno de su marido y así se lo explica:

La niña me dijo que no los quiere, porque ella vio que su papá tardó mucho para enviar mensajes. Y yo pensaba cómo le voy a decir a la niña que su papá ya nos dejó, y le dije “¿sabes qué mamita?, es que tu papá venía en una vuelta, en la calle y venía un carro y tu papá pasó y se lo llevó el carro, y ya papá está en el cielo”. Y mi mamá me decía “no le digas eso a la niña porque qué tal si el día de mañana su papá le habla y tú la engañas que su papá ya se murió”. Pero yo le contesto “¿para qué sigo ilusionándola?, ya no va a regresar”. Ya con el tiempo mandó un mensaje y me dijo “mami, mi papá sí está vivo porque me mandó un mensaje”, y le dije, “sí mamita, te había engañado”. Pero es que a veces duele, porque da tristeza que ella pregunte por su papá, me diga que por qué ya no viene y le digo a mi mamá “¿y ahora qué le contesto?” Eso a la niña la va a poner más triste, pero ya no le manda mensajes.

Esta madre adoptiva trabaja fuerte para satisfacer las necesidades de la niña: ya en la casa de una maestra por unos cuatro dólares al día, empleándose como trabajadora agrícola o elaborando tamales, actividad en la que Evelia participa acompañándola a la venta en la comunidad:

La maestra me paga cincuenta pesos diarios, y ya le compro un calzoncito o un cinturón, o sus liguitas para el cabello; lo que hago, lo aprendí sola. Ahora también aprendí la sacada de chihua. A la niña el primer día me la llevé, pero calienta el sol, y el segundo día me dijo mi mamá, ya no la lleves y bueno tengo que buscarle, y como le dije a mi mamá: si espero a que él me mande o venga, no voy hacer nada. Y la niña pide, come, calza.

En esta situación es la niña quien funge como depósito de las inconformidades y malestares que la madre vive por el abandono de su marido. Asimismo, la niña comprende que las remesas no son enviadas para su sostenimiento, pues la mamá con frecuencia se refiere a eso:

Yo tengo que sacar a la niña adelante, te piden libretas, lápices, en fin, y si no hay trabajo ¿de dónde voy a sacar? En la temporada de chihua, de maíz que viene ahorita, me pongo a trabajar; ahora viene el corte de chile. De aquí algunos nos contratan, los que tienen parcela o siembran mucho. Hay gente que tiene treinta hectáreas, y órale, a sacar chihua, a veinte la lata; son botes, porque para sacar quince botes cuesta. Uno va partiendo la chihua, nos pagan a veinte pesos en lata, a veces no aguantamos ni hacer seis latas o siete cuando voy con linda (su hermana), casi todo el día. Nada más hacemos nuestro “lonche” y llevamos nuestro pozol, al que estamos acostumbrados los tabasqueños y vámonos a trabajar.

La demanda por la presencia del padre es tal que la niña vive pendiente del programa televisivo de la “Señorita Laura”,[5] y le comenta a su madre que escribirá una carta para que la conductora vea la forma de traerle a su padre desde Estados Unidos.

Hace pocos meses visité la casa donde vive Evelia. La situación se ha complicado tanto para ella como para toda la familia. El hermano y las dos hermanas se han separado de sus respectivas parejas por motivos de violencia física. Las hermanas se habían casado de trece años y cada una procreó una hija. Ellas han abandonado la comunidad para vivir en un estado cercano a Tabasco. Actualmente se han unido a una nueva pareja, los que son militares.

Evelia sirve de compañía a su madre, ambas se han distanciado un tanto de la abuela materna por desacuerdos entre mujeres adultas. Su madre es consciente que su esposo y padre adoptivo de Evelia no regresará más de Estados Unidos.

RESULTADOS

LAS NIÑAS EN LA COMUNIDAD

En esta comunidad, las niñas de corta edad ya cuentan con responsabilidades: ir a la tienda o realizar los encargos de las personas adultas como, por ejemplo, el caso de Evelia, quien cuida de la abuela materna. A veces se cree que son los adultos mayores los encargados del cuidado de las niñas, pero esto no siempre es así. El cuidado de los niños y adultos mayores es una cuestión de género, son las mujeres las encargadas de brindarles atención a los demás, lo que comienza desde una edad temprana. En este sentido, es importante la significación, según lo expone Gertz (citado por Rodríguez, 2007): “la significación no es algo intrínseco a los objetos, acciones, procesos, etc. que la poseen sino que es algo impuesto a ellos, de allí que la explicación de sus propiedades debe buscarse en quienes les imponen significación: los hombres que viven en sociedad, en las experiencias de los individuos y grupos de individuos cuando, guiados por símbolos, perciben, sienten, razonan, juzgan, y obran”. Es decir, los colectivos dan significados a las acciones de los sujetos, sean hombre o mujeres, instituyéndose de esta manera el lugar desde el que funcionarán en una situación en particular. Es así como se producen las formas de pensar, sentir y actuar como mujeres en la comunidad que sirve de referencia en este estudio. 

En esta dirección, el rol del género femenino se gesta desde la niñez y, como lo sostiene Silva (2005), el modelo tiende a repetirse en el tiempo, dependiendo del lugar en donde los niños vivan: “En las zonas rurales es muy probable que muchas de las actuales niñas, adolescentes y madres, permanezcan para siempre en el hogar”. En este lugar, la vida de las niñas transcurre entre la casa y la escuela. Quizá por eso la idea de migrar no está presente en estas niñas, a diferencia de los niños, los cuales piensan que, cuando sean grandes, realizarán lo que hacen o hicieron sus papás: irse al Norte. El Norte es para los hombres, la casa es para las niñas. 

Ante la migración, las hijas se convierten en contenedoras de las angustias y conflictos que genera la salida del hombre de la casa. Por una parte sirven de apoyo para la madre y, por otra, se gesta así una relación que adquiere un importante papel en la constitución del género femenino. La relación con la madre es el sostén con el que se identifica la niña en etapas tempranas de la vida, y que la llevará a constituirse en gran parte como mujer adulta. 

Como se observa, la presencia de la madre no sólo es fundamental en términos afectivos, también lo es en términos de identificación. Así lo señala Pérez (1990): “Cuanto más transparentes y regulares sean los medios lingüísticos para marcar el género, más rápidamente se adquirirá el sistema lingüístico del género en una lengua determinada”. Ser mujer y sentirse mujer en este lugar está determinado por los primeros acercamientos con los padres. En el caso del que se ocupa este análisis, los acercamientos están cimentados a partir de una relación estrecha entre  mujeres.

La realidad de la migración para las niñas en la comunidad de estudio es la adversidad, la cual se conforma de pasajes emocionales derivados de la ausencia del padre: abandono, coraje, depresión e incertidumbre. Experiencias dolorosas que enfrentan a temprana edad. 

 

LA AUSENCIA COMO RUPTURA

En esta comunidad, la salida del hombre se vive como preocupación, pues en ocasiones el padre ya no regresa, lo que fractura los vínculos afectivos de la familia. La ausencia del padre se vuelve desfavorable, debido a que es en él en quien se depositan las funciones de autoridad, provisión y protección. Por eso su ausencia desestructura la familia en términos afectivos, comunicativos y económicos. Liwski (2008) lo afirma: “Tanto para los niños y las niñas que los migrantes dejan atrás como para los propios niños que migran, la pérdida de referentes afectivos padres, madres, abuelos u otros aumenta contra todas las formas de violencia. Las ausencias que supone la desintegración familiar conlleva un efecto psicosocial significativo que puede traducirse en sentimientos de abandono y vulnerabilidad”. 

Tal sucede en el grupo familiar de Evelia; en él han ocurrido modificaciones, se han movilizado comportamientos, se han gestado estrategias de sobrevivencia, y se han generado conflictos. En una comunidad con fuerte presencia de la migración parte de la cotidianeidad consiste en escuchar las preocupaciones de las mamás que, en compañía de las hijas, trabajan porque las remesas no alcanzan o no llegan; o en ver manifiestas las angustias por no saber si los migrantes llegaron con bien al lugar de destino. En este escenario, las hijas toman el lugar de la madre porque ella, a su vez, llena el sitio del padre que ha migrado. La dinámica familiar se transforma. Es de este modo que se instala la migración del padre en la vida de las niñas en esta comunidad.

 

LA DESESTABILIDAD ECONÓMICA Y AFECTIVA 

Cuando el padre migrante ya no regresa pone en crisis la economía de su familia. Es el caso de Evelia, quien ahora vive la carencia debida a la ausencia del padre, aunque el vínculo de la niña con el padre se mantenga, lo mismo que la espera. Otro hecho ocurre entonces, cuando se corta el flujo de las remesas es la madre quien se convierte en la proveedora de la familia, nueva circunstancia en la que la hija cumple un papel activo, no importando qué tan corta sea su edad; en las comunidades rurales mexicanas, las niñas son activas laboralmente, con su trabajo incrementan la economía familiar, independientemente de la migración. 

Desde esta perspectiva, las niñas de Apatzingán, Tabasco, cumplen tareas domésticas, acciones que “culturalmente” se han legitimado como propias de la condición de mujer. En esta comunidad, el género femenino se articula al trabajo doméstico,  éste es fundamental para explicar la forma en que se accede a ser mujer. Los datos del INEGI (2012)  indican que gran parte del tiempo de las niñas de entre 8 y 14 años está dedicado al trabajo doméstico; en cambio los varones lo dedican al mercado laboral. Esto demuestra que los escenarios laborales son diferentes y que, por consiguiente, sus valoraciones también. Así se reafirma que lo doméstico es lo propio y exclusivo de las mujeres.

Por otra parte Evelia presencia los conflictos de pareja de sus padres, lo que le acarrea momentos lastimosos. Es desafortunado para la niña observar cómo su madre vive y expresa el abandono del padre y esposo. Algunas veces la separación se da en términos lamentables, en otras sucede de manera silenciosa. Pero uno de los mayores impactos se da cuando el padre deja de enviar recursos para la manutención de los hijos e hijas. Entonces la vida de éstos se trastoca en todos los sentidos, lo que incluye la asistencia escolar.

 

LA ESCUELA EN LA VIDA DE LAS NIÑAS

Asistir a la escuela es una posibilidad que no todas las niñas tienen cuando el padre migrante has dejado de enviar recursos, como en el caso de Evelia. Y aun cuando el padre provea remesas, éstas son insuficientes para los requerimientos de la familia, así es como la asistencia a la escuela se complica, sobre todo por los gastos que esta institución demanda. Ante esa situación es la madre quien busca la manera de dar a la niña lo que requiere en alimentación, vestido y útiles escolares.

Actualmente la incorporación de los medios electrónicos a la comunidad está produciendo otro gasto más en la economía familiar. Los profesores solicitan a los niños que consulten la tarea vía Internet. Por lo que los diez pesos por la renta de computadoras constituyen un problema económico para la familia. Sin embargo, algo que frena la deserción escolar de Evelia son los apoyos de la beca del Programa Oportunidades,[6] que si bien no cubre la totalidad de los gastos de la niña, aminora la angustia de la madre. Polanco y Jiménez (2006) señalan: “Los cambios históricos, económicos, políticos que han tenido las sociedades, han derivado en importantes modificaciones del comportamiento humano en búsqueda de una mejor calidad de vida o de supervivencia. Las familias que viven el fenómeno migratorio han experimentado grandes costos sociales tanto para los que migran como para los que se quedan en el lugar de origen”. La escuela es un asunto importante en la vida de los niños, la cual se beneficia de los dividendos derivados de la migración, si bien la educación de las niñas no puede ligarse exclusivamente a los beneficios de la migración puesto que el grado máximo al que en general aspiran es a la conclusión de la educación secundaria.  

 

DISCUSIÓN 

Si se tiene al padre como figura de autoridad y éste se pierde, la familia tiende a disgregarse. Sin embargo, no todas las familias viven la misma experiencia. En el caso de la familia de Evelia, hubo una reorganización a partir de que el padre se fue a Estados Unidos. Lo que muestra que el padre mantuvo su papel central que cohesiona al grupo familiar y, por consiguiente, su carácter de sostén en la dinámica familiar. 

Si bien el envío de remesas sostiene la asistencia escolar, hay una parte que no se soporta en los recursos de la migración, por lo que la carencia económica familiar puede dar sitio a la deserción escolar, o a que los hijos no puedan sino concluir la educación básica. 

La migración del padre favorece entonces la educación de las hijas, aunque, en la comunidad de estudio, la escolaridad más allá de la educación básica no es un asunto importante, sobre todo cuando se trata de mujeres. Aunque las niñas posean destrezas y capacidades para estudiar, la escuela no es muy valorada cuando son las mujeres quienes la demandan. 

La migración se puede explicar de diversas formas: como una estrategia económica familiar que provee temporalmente, o bien, que en comunidades donde se da este fenómeno el género femenino se está instalando en ausencia de la figura masculina representada por el padre. Es posible afirmar que las niñas enfrentan grandes desafíos económica y emocionalmente. Por motivos de la migración paterna, se está constituyendo una infancia con un padre a la distancia, con quien se da la comunicación por telefonía celular o de manera virtual, lo que deja una interrogante sobre el futuro de estas niñas de las comunidades rurales del sureste de México.  

El imaginario que circula respecto a la migración entre la población de esta zona es que aquel que marcha a Estados Unidos se beneficiará de recursos económicos, lo que es real en parte, sin embargo, es un suministro insuficiente para consolidar un proyecto de vida libre de dificultades económicas.

 La migración no consolida la economía de las familias, pero sí está produciendo nuevas maneras de vivir como familia, una es la desintegración y reorganización de las relaciones entre sus miembros. Episodio difícil para la mayoría. En el caso de Evelia, ella vive esperando la presencia del padre, cuya ausencia empieza a dar señales del no retorno.

 

REFLEXIONES FINALES

Cuando se aplican estudios microsociales sobre la migración, surge la manera en que el género femenino es instalado en las comunidades rurales. Por ejemplo, entre los habitantes de este lugar la escuela no es un asunto muy importante para las mujeres, puesto que la tendencia es verlas unidas en matrimonio conformando un hogar propio. La escolaridad queda limitada a la adquisición de los elementos básicos de la lecto-escritura. En general, las niñas concluyen el nivel de secundaria y ya no aspiran a más.

Para las niñas es difícil visualizarse sin una familia representada por padres e hijos, aunque con la migración ello se quede en idea, puesto que se ha revertido esa unión. Así que pensar la infancia en escenarios rurales con altos porcentajes de migración masculina implica reconceptualizarla en términos de dolor,  incertidumbre y futuro incierto. 

 

Bibliografía

Baños Ramírez, Othón (2003). Modernidad, imaginario e identidades rurales. El caso de Yucatán. México: El Colegio de México.  

Bolívar, Antonio, y Jesús Domingo (2006, septiembre). La investigación biográfica y narrativa en Iberoamérica: Campos de desarrollo y estado actual. Forum: Qualitative Social Research, 7(4), Art. 12. Recuperado el 14 de febrero de 2014, de <http://goo.gl/0bb91b>.

Cerdas, Evelyn (2006). La participación de los niños y las niñas como sujetos de derechos. Temas de Nuestra América. Revista de Estudios Latinoamericanos, 1(44).

INEGI (Instituto Nacional de Estadística y Geografía). (S. f.). Recuperado en noviembre de 2014, de <http://goo.gl/3RLtFb>.

Liwski, Norberto I. et al. (2008). “Migraciones de niños, niñas y adolescentes bajo el enfoque de derechos”. Foro de Alto Nivel de Asuntos Migratorios. Washington, D. C.

Pérez, Miguel (1990). ¿Cómo determinan los niños la concordancia del género? Refutación de la teoría del género natural. Infancia y Aprendizaje, 50, 16.

Polanco Hernández, Graciela y Nayeli Jiménez Caracoza (2006). Familias mexicanas migrantes: mujeres que esperan. Psicología Iberoamericana, 14(2), México, 53-56. 

Rodríguez Téllez, Lydia (2007). Reseña de Clifford Gertz. La interpretación de las culturas. Relaciones 38, México: El Colegio de Michoacán, 128-137. 

Secretaría de Desarrollo Social (2010). Aprendamos juntas a vivir mejor. Guía de orientación y capacitación para titulares beneficiarias del Programa Oportunidades. México: Coordinación Nacional del Programa de Desarrollo Humano Oportunidades de la Secretaría de Desarrollo Social.

Silva Güiraldes, María Jesús (2005). Niñas, niños y adolescentes: Los riesgos de un trabajo invisible para el propio hogar. Santiago de Chile: Oficina Internacional del Trabajo.

Notas pie de página

[1] Se retoma la noción de “imaginario” de Baños (2003): “Todas las diversas fases de conocimiento a través de las cuales se producen las representaciones individuales y colectivas que configuran la identidad están compuestas de unidades elementales que llamaré imágenes”.  

[2]  La importancia de la narrativa encuentra argumentos en Bolívar y Domingo (2014), quienes la refieren como una estrategia metodológica construida en lo contextual: “las narraciones biográficas y los episodios que estás relatan, solo encuentran sentido dentro de los contextos en que son contadas y en los que se produjeron, social, cultural, institucional, etc.” 

[3] Explorando México, recuperado en noviembre de 2014, de <http://goo.gl/qtOUKr>. 

[4] El tamal es un alimento que se consume en México; se elabora de maíz, al que se agrega carne de pollo o cerdo, se envuelve en hojas de maíz o plátano, y se cuece a vapor. 

[5] “Laura en América” es un reality show de la televisión que presenta problemas familiares y la manera de “resolverlos”. El programa es visto por mujeres adultas y niñas de la comunidad de estudio. 

[6] Secretaría de Desarrollo Social (2010). Aprendamos juntas a vivir mejor. Guía de orientación y capacitación para titulares beneficiarias del Programa Oportunidades. México: Coordinación Nacional del Programa de Desarrollo Humano Oportunidades de la Secretaría de Desarrollo Social, p. 12.