PERFIL DE LOS JÓVENES CONSUMIDORES DE SUSTANCIAS QUE INICIAN UN PROGRAMA DE INTERVENCIÓN

PROFILE OF THE YOUNG PEOPLE CONSUMING SUBSTANCES WHO INITIATE A PROGRAMME OF INTERVENTION

Gloria Martínez Mendoza (Colombia)

gloriae.mm@gmail.com

Investigación


Recibido: 26/10/2015

Aprobado: 09/12/2015



RESUMEN: El objetivo de este trabajo fue identificar variables de personalidad y características generales en adolescentes consumidores de sustancias que inician un programa de intervención. 

INSTRUMENTOS: cuestionario Variables de Interacción Psicosocial, Inventario Clínico para adolescentes de Millon, Inventario Clínico Multiaxial de Millon II y escala Búsqueda de Sensaciones Forma V de Zurckerman. Se aplicaron mediante entrevista personal a 22 jóvenes entre 15 y 24 años. 

RESULTADOS: las Variables de Interacción Psicosocial más acentuadas fueron: Afrontamiento Centrado en la Emoción, Afrontamiento Centrado en la Búsqueda de Apoyo Social, Autoestima, Autocontrol y Afrontamiento Centrado en la Tarea. Su patrón de personalidad más característico fue el Antisocial, aunque coexiste con otros síndromes que complementan su perfil. Destacan también las subdimensiones Búsqueda de Experiencias y Búsqueda de Emociones. 

SUMMARY: The purpose of this research was to identify variables of personality and general information in adolescents consuming substances in the moment in which they initiate a program of intervention. 

INSTRUMENTS: questionaire of Variables of Psychosocial Interaction, Millon Clinical Adolescent Personality Inventory, Millon Clinical Multiaxial Inventory II and Zuckerman Scale Sensations Seeking Form V. They were applicated across a personal interview to 22 young people between 15 and 24 years old.

RESULTS: the Variables of Interaction Psicosocial more accentuated were: Confrontation Centred on the Emotion, Confrontation Centred on the Search of Social Support, Self-esteem, Self-control and Confrontation Centred on the Task. Their most typical pattern of personality was the antisocial one, though also it coexists with other syndromes that complement their profile. The subdimensions emphasize also Seeking of Experiences and Seeking of Emotions.

PALABRAS CLAVE: jóvenes, consumo de sustancias, Variables de Interacción Psicosocial, búsqueda de sensaciones, psicopatología.

KEYWORDS: young people, consumption of substances, Variables of Interaction Psicosocial, Sensations seeking, psycopathology.

 

En las últimas décadas, la preocupación social ante el consumo de sustancias ha despertado el interés de diversas instituciones que han tratado de estudiarlo en sus posibles formas. En lo que se refiere a la investigación con adolescentes, la mayoría de las referencias que se pueden encontrar tienen en común la utilización de la población escolar como muestra y el estudio de los factores y variables (de riesgo y protección) que intervienen en el inicio del consumo (Ledoux, Sizaret, Hassler y Choquet, 2000), buscando con ello posibles respuestas que mejoren la eficacia de los objetivos de la acción preventiva (Becoña, 2002; NIDA, 1997).

Hasta ahora, la investigación ha aportado evidencia reiterada de que el consumo de sustancias psicoactivas a edades muy tempranas, responde a un patrón conductual multideterminado (Moral, De la Villa, Rodríguez y Sirvent, 2006), no sólo porque intervienen gran cantidad de factores (Graña y Muñoz, 2000; Inglés, Delgado, Bautista, Torregrosa, et al., 2007; Moncada, 1997; Muñoz y Graña, 2001) , sino porque además estos factores son interdependientes. 

Uno de los factores de personalidad que ha sido relacionado con el consumo de sustancias psicoactivas y conductas de riesgo en la adolescencia es la Búsqueda de Sensaciones (Alonso y Martínez, 2003; Fernández, 2003; González, Ibáñez, y Peñate, 1997; Gutiérrez, et al.  2003; Leal, 2004; Luengo, Otero, Romero, y Gómez, 1996). Zuckerman (1979) define la Búsqueda de Sensaciones como la “necesidad de sensaciones y experiencias variadas, nuevas y complejas, y la predisposición para tomar riesgos físicos  y sociales para lograr tales experiencias”.  El autor descompone este rasgo en cuatro subdimensiones: Búsqueda de Emociones y Aventuras (BEA), que expresa el deseo de involucrarse en actividades que suponen peligro, riesgo y rapidez; Búsqueda de Experiencias (BEX), que implica la búsqueda de activación a partir de estilos de vida poco convencionales o inconformistas; Desinhibición (DES), referida a un deseo de liberarse de la inhibición social a través de la bebida, la diversión y el sexo; Susceptibilidad al Aburrimiento (SAB), que implica la evitación de las experiencias repetidas de cualquier clase. Esta dimensión se ha conceptualizado como una característica con base biológica (Aluja, 1989; Zuckerman, 1983), aunque, a su vez, otros estudios apoyan la influencia de los factores de socialización en esta dimensión (Arnett, 1994; Chico, 2000; Chico y Vázquez, 1999) .

Algunos estudios concretos (González et al., 1997; Luengo et al., 1996), sugieren la asociación de este rasgo con el consumo de drogas, señalando que las subescalas (DES) y (BEX) son las más relacionadas con todos los tipos de consumo, mientras que la subescala (BEA) parece ser la menos relevante. Por otro lado,  Llorens, Palmer y Perelló (2005) encuentran que la conducta antisocial y la búsqueda de sensaciones parecen ir siempre unidas en la conducta de consumo, indicando que mientras la búsqueda de sensaciones es lo que hace que los sujetos pasen de no consumidores a consumidores, la conducta antisocial es la que hace que se dé un mayor consumo cuando ya son consumidores.

Por otra parte, el estudio de los rasgos de personalidad, o su agrupación en patrones complejos de conducta normal o patológica, es un paso necesario para el diseño de programas individualizados de tratamiento (Millon, Everly y Davis, 1995) para personas con consumo problemático de sustancias (Pedrero, 2006), diseño que también sería aplicable a otras características diferenciales como la edad.  En este sentido, existen algunos estudios realizados con población juvenil basados en el modelo biopsicosocial de Millon (1974, 1976, 1994, 1998). Así, Mesa y León-Fuentes (1996) señalan que los adolescentes consumidores de sustancias tienden a presentar características de personalidad distintivas. Por su parte, Fantin (2006), Vinet y Forns, (2005) estudiaron el perfil de adolescentes en riesgo, indicando la  presencia de elevaciones extremas en los patrones introvertido, inhibido, pesimista, rebelde, rudo, oposicionista, autopunitivo y tendencia límite; preocupaciones en todas las áreas evaluadas, a excepción de la incomodidad respecto al sexo, y puntuaciones elevadas en todos los síndromes clínicos, excepto en ansiedad. 

Otros estudios con población adulta, indican que el consumo de drogas está más relacionado con la personalidad antisocial, histriónica y dependiente (Grant, Dawson, Chou, Ruan y Pickering, 2004).  Lacoste (2000) plantea que del total de sujetos que son  consumidores, un porcentaje cercano al 24% se produce sobre la base de una personalidad antisocial, mientras que el resto surge por la presión del grupo, por las propiedades adictivas de la sustancia y por psicopatología previa de otro tipo.  Por otro lado, Pedrero (2006) realiza un análisis de la estrecha relación entre TNP (pasivo/agresivo) y el consumo de sustancias, sugiriendo una posible explicación a partir de las características definitorias de esta estructura de personalidad para la conducta adictiva.

Los estudios de este autor indican  que los consumidores de sustancias (hombres y mujeres), al compararlos con la población en general, obtienen puntuaciones significativamente menores en todas las escalas del cuestionario de Variables de Interacción Psicosocial (VIP), salvo en la Escala Afrontamiento Centrado en la Emoción (Pedrero et al., 2004). Corrobora asimismo, que todas las dimensiones del VIP se relacionan con elementos positivos para la salud, salvo el Afrontamiento emocional, que se relaciona con patología mental y orgánica (Pedrero, 2006). El autor aprecia diferencias entre los varones y mujeres en casi todas las dimensiones del VIP. En cuanto al nivel de estudios, observa también diferencias, las cuales son más favorables a medida que se alcanza un mayor nivel académico. Además, señala que la edad correlaciona negativamente con habilidades sociales y con el afrontamiento de búsqueda de apoyo social (Pedrero et al., 2005).

Por último, Pedrero et al. (2005) señalan una fuerte relación entre todas las escalas del VIP y los patrones de personalidad y síndromes del MCMI II, excepto la búsqueda de apoyo social, y se indica que lo que parece generalizable en sujetos consumidores de sustancias psicoactivas es la correlación entre estilos  emocionales de afrontamiento del estrés y las patologías en los dos ejes.

Los jóvenes, en general, siguen siendo vinculados a tratamientos y programas preestablecidos, sin que los objetivos y recursos desplegados presten atención a sus características y singularidades; (Becoña, 2000; Egea y Redondo, 2001; Funes, 2003; Garaigordobil, 2006; Gómez, Luengo, Romero y Villar, 2006;  Inglés et al., 2007; Rodríguez, Agulló-Tomás, E. y Agulló-Tomás, M., 2003). Los tratamientos de la drogodependencia a medida de las necesidades de los jóvenes existen solo en casos excepcionales. La mayoría de los países y la investigación en este ámbito identifican la necesidad de crear este tipo de programas, pero en la actualidad, estos siguen siendo escasos o inexistentes (Aguiló, 2007; Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías, 2007).

Es por esto que saber ¿cuáles son las características y el perfil de los jóvenes que inician un programa de intervención? ¿Cómo están llegando a los recursos de atención? ¿Cuáles son sus necesidades? ¿Qué aspectos de su conducta son los que requieren intervención, y cuáles no? Entre muchas otras, son preguntas que sugieren planteamientos a investigar dentro del terreno de la intervención con jóvenes. Por lo cual el presente estudio tiene como objetivo principal describir  las características psicosociales y variables de personalidad en jóvenes consumidores de sustancias e identificar las posibles diferencias entre ellos. 

 

MÉTODO

POBLACIÓN

El universo del estudio estaba conformado por los jóvenes que solicitaron tratamiento en el programa Encontré de Proyecto Hombre de Valencia (España), un recurso diferenciado para jóvenes con problemas de adicción de cualquier tipo. 

 

CRITERIOS DE INCLUSIÓN

Contar con el permiso del centro, el consentimiento del joven, en el caso de los menores de edad el correspondiente consentimiento de sus padres o tutores; sólo se trabajó con jóvenes que llegaban por primera vez al recurso y que en el momento de la recogida de la información no se encontraran bajo los efectos de ninguna sustancia

 

MUESTRA

Se llevó a cabo un maestreo no aleatorio por cuotas a lo largo de un periodo de 5 meses. Durante este tiempo, fueron 44 las solicitudes iniciales, de las cuales 9 no llegaron más allá de la solicitud, 7 fueron reingresos, y 27 fueron nuevos ingresos. De los 27 nuevos ingresos que cumplían con los criterios de inclusión 5 no firmaron la autorización para participar en la aplicación de los instrumentos. Finalmente, la muestra quedó formada por 22 jóvenes de entre 15 y 24 años, 20 hombres y 2 mujeres, lo cual representa un porcentaje del 30,14% respecto del flujo anual de 73 jóvenes que en el año anterior solicitaron el ingreso por primera vez.

 

INSTRUMENTOS

Inventario Clínico Multiaxial de Millon II (MCMI-II), adaptación española de Ávila-Espada (Millon, 1998). El MCMI-II es un cuestionario ampliamente utilizado en la clínica, especialmente en drogodependencias, para la evaluación de la personalidad (Pedrero Pérez, Eduardo ; López Durán, Ana y Fernández del Río, Elena, 2012). Es un instrumento concebido para explorar trastornos del eje I y eje II desde una perspectiva dimensional, aunque ya está disponible el MCMI-III, por cuestiones prácticas, se aplicó el MCMI-II, ya que era el instrumento utilizado en el centro. Consta de 175 ítems con respuestas de verdadero-falso, que dan lugar a 8 patrones clínicos de personalidad, 3 formas graves de patología de personalidad, 6 síndromes clínicos de intensidad moderada y 3 síndromes clínicos graves. El cuestionario también cuenta con diversas medidas de validez, deseabilidad y sinceridad.

Inventario Clínico para adolescentes de Millon (MACI), adaptación española de Gloria Aguirre Llagostera (Millon, 2003). Es un instrumento concebido para la evaluación de las características de personalidad y los síndromes clínicos de los adolescentes, siendo el ámbito de aplicación de 13 a 19 años. Consta de 160 ítems que dan lugar a 27 escalas, de las que 12 hacen referencia a los prototipos de personalidad, 8 a las preocupaciones manifiestas y 7 a los síndromes clínicos. Existen además tres escalas (X,Y,Z) que se relacionan con la validez y fiabilidad del test. 


Cuestionario de Variables de Interacción Psicosocial (VIP), (Pedrero et al., 2005). Este instrumento se encuentra en proceso de validación y toma como referencia un modelo de tratamiento guiado por la personalidad en la línea propuesta por Millon. Consta de 84 ítems con respuesta tipo Likert de 4 opciones. Mide 9 escalas (autoestima, autoeficacia general, optimismo, locus de control, habilidades sociales, autocontrol y estilos de afrontamiento centrados en la tarea, en la emoción y en la búsqueda de apoyo social). Sus autores registran una fiabilidad global de 0.93 en su validación. 

La escala de Búsqueda de Sensaciones Forma V de Zurckerman, (Pérez, y Torrubia, 1986). Esta escala consta de 40 ítems, dividida en 4 subescalas: a) Búsqueda de emociones y aventuras (BEA); b) Búsqueda de experiencias (BE); c) Desinhibición (DES); d)  Susceptibilidad al aburrimiento (SAB). Se obtiene una puntuación para cada subescala (de 0 a 10) y también una puntuación total  (de 0 a 40).  Su formato de respuesta es dicotómico (si o no). Los autores han señalado fiabilidades internas de la escala total entre un rango de 0.83 a 0.86, y fiabilidades establecidas para las cuatro subescalas entre un rango de 0.56 a 0.82. 

Cuestionario de Valoración Psicosocial, a partir del cuestionario utilizado en el centro de atención, se extrajeron cuestiones relacionadas con datos generales, familiares, judiciales, consumo, situación escolar o laboral y situación médica. De esta manera, aprovechamos la información recogida por el centro, lo cual implicó la no repetición de preguntas y el ahorro de tiempo. 

 

PROCEDIMIENTO 

Tras cumplir con los criterios de inclusión, los jóvenes fueron citados en los 15 días siguientes de su admisión en el programa.  En eso momento se aplicó el conjunto de pruebas seleccionadas de forma individualizada.

 

TIPO DE ESTUDIO

Se desarrolló un estudio descriptivo-exploratorio.

 

ANÁLISIS DE DATOS

Se utilizó el paquete estadístico SPSS 15.0 para Windows, con análisis de frecuencias, descriptivos, contraste de diferencias (pruebas t) y correlaciones entre medidas. Para la interpretación de los resultados se ha tenido en cuenta  un nivel de significación estadística de p < 0.05. 

RESULTADOS

CARACTERÍSTICAS GENERALES DE LA MUESTRA

La edad media de la muestra fue de 19,4 años, en su mayoría de nacionalidad española. Prácticamente la totalidad de ellos (91%) vivían con su familia, aunque tan sólo el 41% calificaba su convivencia familiar como satisfactoria. Un 82% estuvo acompañado por sus tutores en el programa.

Estos jóvenes no alcanzaron los estudios mínimos para su edad, ya que un 36% tenía estudios de primaria y el restante 64% estudios de Educación Secundaria Obligatoria. Además, un 41% de ellos se habían visto implicados en situaciones legales, alguna vez en su vida.

Un 55% no estaba satisfecho con el uso de su tiempo libre, y un alto porcentaje (63%) tenían como compañía habitual a amigos también consumidores. La motivación para iniciar el programa, en la mayoría de los jóvenes, fue externa, es decir,  traídos por sus familias u otros recursos (68% de los casos). A pesar de ello, mostraron un nivel de reconocimiento/preocupación elevado (7,27 de 10) en cuanto a su conducta de consumo.En relación al consumo, se observó (ver en anexo gráfico 1) que la sustancia de consumo más tardío es la cocaína, mientras que el inicio en el consumo de sustancias como el tabaco,  el alcohol y el cánnabis oscila entre los 13 y 14 años.

El patrón de consumo más generalizado incluía el policonsumo (64% de los sujetos consume más de 4 sustancias y un 36 %  3 ó 4 sustancias). Por otra parte, tan sólo un 54,4% de ellos creía que las sustancias que consumían les generan algún tipo de dependencia. 

 

CARACTERÍSTICAS  DE PERSONALIDAD

Para la escala VIP (ver en anexo grafico 2), las puntuaciones en las conductas de escape, evitación, y distracción, son las más elevadas, es decir, presentan  mayor Afrontamiento Centrado en la Emoción y en la Búsqueda de Apoyo Social.  Por el contrario, las puntuaciones más bajas parecen estar relacionadas con la autopercepción negativa (Autoestima), el control emocional y conductual (Autocontrol) y dificultades en el afrontamiento y resolución de problemas concretos (Afrontamiento centrado en la tarea) en ese mismo orden. El resto de variables se mantienen en el promedio de la escala, pero sus puntuaciones registran una tendencia hacia niveles bajos (< 50). 

En el rasgo Búsqueda de Sensaciones (ver en anexo grafico 3), la puntuación en la escala general muestra la  presencia de este rasgo, aunque no exageradamente acentuado. En el caso de las subdimensiones, la escala Búsqueda de experiencias (BEX), referida con el deseo de involucrarse en actividades que suponen peligro, riesgo y rapidez, junto con la escala Búsqueda de emociones y aventuras (BEA) que implica la búsqueda de activación a partir de estilos de vida poco convencionales o inconformistas son las acentuadas en esta muestra.

Los resultados obtenidos en el MACI y el MCMI II,  según el grupo de edad, se presentan en los gráficos 4 y 5 respectivamente (ver en anexos). Para el grupo de 15 a 18 años se aplicó el MACI, las escalas a considerar en la descripción de las características de personalidad son aquellas con una tasa base superior a 60, las superiores a 75 nos indican la presencia de un trastorno y las superiores a 85 un trastorno altamente destacado. En este grupo se indican puntuaciones superiores a 85 en la escala insensibilidad social; superiores a 75 en las escalas rebelde, histriónico, predisposición a la delincuencia y abuso de sustancias; y superiores a 60 en las escalas: egocéntrica, impulsividad y discordancia familiar. Se observan, además, puntuaciones elevadas en la escala de deseabilidad, aunque no lo suficientemente altas (>75). 

Para el grupo de 19 a 24 años, se aplicó el MCMI II, con los mismos criterios de medida que para el grupo anterior, estos destacan en puntuaciones superiores a 75 en las escalas antisocial y abuso de drogas; y superiores a 60 en las escalas histriónica,  narcisista, agresivo/pasiva, dependiente, paranoide, abuso de alcohol y delirios psicóticos. Se observan puntuaciones elevadas en la escala sinceridad. 

Las puntuaciones en deseabilidad y alteración no son lo suficientemente altas, aunque si se observa la presencia de las mismas. 

 

DIFERENCIAS ENTRE LAS CARACTERÍSTICAS GENERALES  Y LAS VARIABLES DE PERSONALIDAD. 

RESULTADOS PARA EL VIP 

En el caso del género, no se pueden comparar las medidas para estudiar posibles diferencias entre las puntuaciones de ellas y ellos, ya que el número de sujetos muestreados no lo permite. Sin embargo, la tendencia de las puntuaciones para los dos casos de mujeres muestran que ellas reportan puntuaciones menos favorables en casi todas las variables, excepto en las habilidades sociales.  Lo anterior podría sugerir que ellas dentro del grupo de consumidores pueden tener más complicaciones psicológicas (intrapersonales), pero menos complicaciones en las relaciones sociales (interpersonales) con respecto a ellos. Un aspecto que resulta de interés investigativo para estudios con muestras más robustas.

Por grupos de edad (ver en anexos tabla 1), no se observan diferencias significativas para ninguna variable, si bien el comportamiento de la variable autoestima es el más diferenciado con respecto a las demás. Siendo está más favorable para el grupo de menor edad. 

En el nivel de estudios (ver en anexos tabla 2), la diferencia estadística más significativa está en la variable autoestima (t = -3,231; p < 0,004), se infiere que los jóvenes con menor nivel académico presentan una orientación más negativa hacia sí mismos y un peor autoconcepto que los que tienen un mejor nivel. Las demás variables no muestran diferencias reales, pero tienen una tendencia más favorable  para el grupo con mayor nivel de estudios. 

La cantidad de sustancias consumidas (ver en anexos tabla 3) no indica diferencias significativas entre las variables, las tendencias son muy parecidas en ambos grupos. Sólo existen diferencias en la intensidad de las puntuaciones, siendo más positivas para el grupo de menor consumo.  Estos resultados ponen de manifiesto que el número de sustancias consumidas (entre consumidores) no predice diferencias importantes en las variables de personalidad entre unos y otros, pero si puede influir en la mayor o menor  funcionalidad de las mismas. 

Si se compara a los jóvenes que se han visto implicados en situaciones legales y los que no (ver en anexos tabla 4), tampoco se obtienen diferencias estadísticamente significativas. Nuevamente las puntuaciones medias son muy parecidas entre ellos. Quizás dicha involucración en situaciones legales sea puntual y sólo obedezca a situaciones aisladas o la no involucración es casual y no se deba a factores protectores que lo impidan. 

 

RESULTADOS PARA EL RASGO BÚSQUEDA DE SENSACIONES

En relación con  la edad (ver en anexos tabla 5), la puntuación más alta en la escala general está en el grupo de 15 a 18 años. El grupo de 19 a 24 años obtiene puntuaciones más elevadas en la búsqueda de emociones y la búsqueda  de experiencias, mientras que los de 15 a 18 años puntúan ligeramente más alto en desinhibición y susceptibilidad al aburrimiento, pero en ninguno de los casos estas diferencias llegan a ser significativas. 

En el nivel de estudios (ver en anexos tabla 6), no se muestran diferencias estadísticamente importantes en ninguna escala del rasgo, pero en general el grupo de Enseñanza Secundaria Obligatoria (ESO) obtiene puntuaciones más elevadas con respecto a los de primaria. 

Tampoco se observan diferencias reales entre las puntuaciones obtenidas  en los que consumen menos o más sustancias (ver en anexos tabla 7). Por el contrario las puntuaciones son muy similares. Lo anterior podría indicar que consumir menos o más de 4 sustancias, sólo es una diferencia cuantitativa que no acentúa ni debilita el rasgo.

Nuevamente, al comparar los jóvenes que alguna vez se han visto implicados en situaciones legales con los que no se han visto implicados (ver en anexos tabla 8), no se ven diferencias reales entre los dos grupos. 


RESULTADOS PARA EL MACI Y EL MCMI II

Los resultados presentados en los patrones de personalidad y síndromes clínicos, tanto en el MACI como en el MCMI  II, indican que, en relación a la edad, apenas se aprecian diferencias, y que ambos grupos comparten en general las mismas tendencias en los perfiles y características de personalidad, y sólo se observan diferencias en la intensidad de la puntuación en las escalas (menos favorable en el grupo de 19 a 24), es decir, las disfunciones psicopatológicas comparten la misma base, pero parece que se acentúan con el aumento de la edad. Pero estas diferencias tampoco pueden considerarse significativas. 

 

CORRELACIONES  ENTRE LAS ESCALAS UTILIZADAS PARA MEDIR LAS VARIABLES DE PERSONALIDAD.

Como ya se ha indicado, el VIP es un instrumento en proceso de validación, por lo que es importante el análisis de las correlaciones entre los resultados obtenidos en el mismo con los resultados de los demás cuestionarios que fueron aplicados simultáneamente.  

En primer lugar, en la tabla 9 (ver en anexos), se pueden observar correlaciones entre las nueve variables propuestas para el VIP, las más significativas en positivo se observan en la Autoestima, Optimismo, Autoeficacia y Afrontamiento Centrado en la Tarea, mientras que el afrontamiento centrado en la emoción se correlaciona negativamente. No se establecen correlaciones significativas para locus de control con ninguna variable.

En la tabla 10 (ver en anexos), se observa las correlaciones entre la puntuación obtenida en las escalas del MACI y en las escalas del VIP. Los prototipos de personalidad correlacionan mejor con las variables autoestima, optimismo y afrontamiento centrado en la tarea, en sentido negativo principalmente. Las preocupaciones expresadas presentan correlaciones significativas, en primer lugar, con el afrontamiento centrado en la emoción en positivo, y con la autoestima y las habilidades sociales en negativo. Finalmente, los síndromes clínicos lo hacen con las variables autoestima, habilidades sociales y el afrontamiento centrado en la búsqueda de apoyo social.

Por último, en la tabla 11 (ver en anexos), se aprecian las correlaciones entre los resultados del VIP y los resultados del MCMI II. La autoestima, optimismo y afrontamiento centrado en la emoción son las variables que mantienen una correlación significativa con casi todas las escalas del MCMI II, mientras que la variable autoeficacia también correlaciona altamente, pero sólo con los patrones graves de personalidad. 

 

DISCUSIÓN

El fenómeno de las drogas se ha explicado por múltiples causas, pero es importante desmenuzarlas teniendo en cuenta las características de los sujetos que las consumen. En los jóvenes de este estudio, se confirma la presencia de características y patrones de personalidad que pueden estar vinculados a la conducta de consumo.

Respecto a las características generales, al igual que hacen otros autores (Gómez et al., 2006; Musitu, Jiménez, y Murgui, 2006; Muñoz et al., 2001; Pons, y Pinazo, 1998), se corrobora una negativa percepción de los jóvenes que componen la muestra en relación a su interacción familiar. Asimismo, el fracaso escolar desde la escuela elemental es otra característica muy marcada, Graña et al. (2000) subrayan que el autoconcepto académico presenta una intensa relación con la iniciación o el progreso en el consumo de drogas. En este caso, los resultados también indican la relación entre un menor nivel de estudios con una menor puntuación en la escala autoestima. 

Por otra parte, hay que destacar que un alto porcentaje de los tutores se implican en el proceso de tratamiento, lo cual puede deberse a la exigencia por parte del centro para que acudan, ya que es uno de sus objetivos, o bien, porque aquellos que experimentan una pobre supervisión parental son los que nunca acuden (Martínez, Fuertes, Ramos, y Hernández, 2003).

Graña et al. (2000) y Moral et al. (2004) hacen alusión a los modelos de inclusión e interacciones con el grupo de iguales que favorecen el consumo. Los resultados muestran que la mayoría de estos jóvenes comparten su tiempo libre con amigos también consumidores de sustancias, por otro lado, un porcentaje importante no se encuentra satisfecho con lo que hacen en su tiempo libre. Al respecto,  Calafat et al. (2003) y Rodríguez et al. (2003), plantean que la gestión del tiempo libre y del ocio del fin de semana, son factores esenciales y primordiales en la etiología del uso de drogas. 

En cuanto a la percepción que tienen los jóvenes sobre su consumo, los resultados indican que, en un nivel por encima del promedio, los jóvenes reconocen y les preocupa su conducta actual, estableciéndose relaciones directamente proporcionales entre los dos conceptos. Por el contrario, la motivación para solicitar el tratamiento, proviene de factores externos. Esto quizás pueda explicarse por la edad y la etapa inicial en la que se encuentran con respecto al consumo y, fundamentalmente, por los estereotipos sociales de las personas con dependencia a sustancias y la percepción negativa de los tratamientos y centros donde se imparten, lo cual hace que los más jóvenes no se sientan identificados con dichos recursos. 

Asimismo, casi la mitad de la muestra considera que las sustancias que consumen no les generan dependencia. El sesgo en la información de estos jóvenes respecto al uso de drogas es un aspecto destacable, este déficit cognoscitivo no les facilita la percepción y valoración objetiva de los efectos y consecuencias de su propia conducta de consumo. Aunque la muestra es muy pequeña, estos resultados van en la misma dirección que otros estudios que señalan la baja percepción de riego en los jóvenes (Graña et al., 2000; Moral, De la Villa, Rodríguez y Sirvent et al., 2006).

Al igual que en el PNSD (2007) se observa que las sustancias de inicio y, a su vez, las más consumidas entre estos jóvenes son el tabaco, alcohol y cánnabis, lo cual confirma lo sugerido por Calafat et al. (2003), cuando dice que “las sustancias legales siguen siendo la puerta de inicio en el consumo de otras sustancias”.  El patrón de consumo más generalizado en la muestra incluye el policonsumo (más de 4 sustancias) principalmente de fin de semana. Este dato resulta preocupante en el terreno de la intervención, si tenemos en cuenta, por un lado, la edad de la muestra, y por otro, las complicaciones en relación a la cantidad de sustancias consumidas (aumento de la comorbilidad en policonsumidores) (Pernía, y García, 2003)

En esta muestra no aparecen diferencias reales entre los que si han estado y los que no han estado implicados en situaciones delictivas. Pero las puntuaciones obtenidas en las escalas de Millon indican una acentuada presencia de los patrones relacionados con la conducta antisocial. Esto puede indicar que en el mismo grupo de jóvenes consumidores, el hecho de registrar algún tipo de implicación (o no implicación) en situaciones legales, sólo se debe a eventos aleatorios y no a diferencias reales, es decir, que todos presentan la misma vulnerabilidad para manifestar conductas problemáticas. En este sentido, evidencia  reiterada en otros estudios (Gómez et al., 2006; Inglés et al., 2007; Llorens  et al., 2005; Muñoz, Graña, y Andreu, 2002)  indican que la conducta antisocial o delincuencia temprana parecen ir siempre unidas a la conducta de consumo.

En cuanto a las Variables de Interacción Psicosocial, los resultados señalan que estos jóvenes se caracterizan por las conductas de escape y evitación (Afrontamiento Centrado en la Emoción) y dificultades relacionadas con la falta de iniciativa/ autonomía para resolver problemas por si mismos  (Afrontamiento Centrado en la Búsqueda de Apoyo Social). A su vez, las variables referidas a la impulsividad y el control emocional (Autocontrol),  al autoconcepto y orientación positiva (Autoestima), y dificultades en el afrontamiento y resolución de problemas concretos (Afrontamiento Centrado en la Tarea), también hacen parte de sus características más débiles.  De Ena y Pedrero (2004) han encontrado resultados similares al comparar sujetos consumidores con población general, señalando que todas las puntuaciones del VIP son significativamente menores en el grupo de consumidores, salvo en la escala de afrontamiento centrado en la emoción, y esta última, por el contrario, correlacionaba significativamente con patología mental y orgánica (Pedrero, 2006). Este mismo autor, también indicó que la edad correlacionaba negativamente con la escala de afrontamiento centrado en la búsqueda de apoyo social (Pedrero et al., 2005). Esto último puede quizás explicar las puntuaciones en esta escala si se tiene en cuenta la edad de la muestra. 

Los resultados en  las escalas de Millón reportan características distintivas que pueden influir en la conducta de consumo al igual que lo afirman Mesa et al. (1996). Además se observa que la escala referida al consumo de sustancias discrimina la conducta de consumo en estos jóvenes, ya que las puntuaciones son superiores a 70 y 80 según el grupo de edad.  

Aunque aparecen puntuaciones elevadas en varias escalas, hay algunas que destacan (˃75). Sin olvidar la formulación del modelo teórico de Millon (1974, 1976, 1994, 1998), al señalar que las características de personalidad no son simplemente una mezcolanza de tendencias de conductas sin relación unas con otras, sino una interacción compleja estrechamente entretejida entre ellas, se puede entender que estos patrones y síndromes no actúan por separado, sino que comparten características de fondo que varían en función de la gravedad y manifestación de dicha conducta.  Partiendo de lo anterior, se infiere que el perfil de estos jóvenes se distingue principalmente por un patrón antisocial (Llorens et al., 2005; Muñoz et al., 2002) , caracterizándose por una alta insensibilidad e indiferencia hacia los demás, las relaciones y percepciones hacia su familia tienen un componente negativo y parece que tratan de hacer notar su malestar a través de comportamientos problemáticos, presentando un alto nivel de impulsividad que les aleja de cualquier preocupación por las consecuencias finales de sus actos.  Por otra parte, también comparten componentes de otros patrones disfuncionales (Fantin, 2006; Grant et al., 2004; Vinet et al., 2005), y por tanto no debe extrañar que estos jóvenes tengan características histriónicas como la manipulación y la búsqueda de atención; narcisistas, como el centrarse en si mismos; dependientes, como la falta de iniciativa y autonomía y agresivo/pasivo, como  la ambivalencia. 

Es importante señalar que el grupo de mayor edad que, a su vez, coincide con mayores niveles de consumo, presenta las puntuaciones más acentuadas en las distintas escalas de Millon, lo cual sugiere la relación entre más años de uso y abuso de sustancias con mayor intensidad en la psicopatología (Herrero, 2004) .  En este sentido, cada vez se van teniendo más datos de cómo afectan el consumo de sustancias a la funcionalidad cerebral, apuntando que en el desarrollo de la conducta adictiva intervienen diferentes zonas del cerebro y participan procesos relacionados con las emociones, la cognición, la impulsividad, etc. (Ramos y Fernández, (2003).

En cuanto a la Escala de Búsqueda de Sensaciones, González et al. (1997), y Luengo et al. (1996), señalan la relación entre la subescala (DES) con las drogas legales, y la relación de la subescala (BEX) con las ilegales. Las puntuaciones en (BEX) y (BEA) son las más elevadas en este estudio. El factor desinhibición no parece jugar un papel importante al ver los resultados de la muestra en conjunto, no obstante, al comparar los sujetos, esta escala tiende a puntuar más alto en aquellos que consumen menos sustancias. Esta tendencia apunta en la misma dirección que las relaciones señaladas por estos autores entre las subdimensiones (DES y BEX) y el tipo de sustancias. Pero, por otro lado, los resultados en la subescala (BEA) difieren con los encontrados por  González, Saiz y Quirós (2000) y Luengo et al. (1996), en los que esta subescala resulta la menos relevante para explicar la conducta de consumo. Quizás, las diferencias entre las muestras utilizadas por los autores anteriores (población escolarizada, con consumos incipientes centrados en sustancias legales) y la muestra utilizada en este estudio (jóvenes fuera del ámbito escolar con un consumo importante de sustancias ilegales), junto con los cambios sociales trascurridos desde el año de su publicación, puedan explicar el comportamiento de esta subescala. 

Referente a los instrumentos utilizados en este estudio, se encuentran validados, exceptuando el VIP, instrumento que sigue la línea teórica propuesta por Millon y cuya validación se encuentra en proceso. Las altas correlaciones que registran algunas de las variables del VIP entre si y también con los síndromes del eje I y del eje II de los MACI y MCMI-II, indican que estas variables son elementos básicos y comunes de estos ejes. Por tanto, este instrumento puede resultar válido y útil en la exploración de las características de personalidad, ya que puede facilitar la comprensión de los síndromes y síntomas y, por ende, la formulación de los objetivos en la  intervención.

Dos fueron las limitaciones es este estudio, en primer lugar, el tamaño de la muestra, y, en segundo lugar, el no poder comparar estos resultados con estudios en los que se utilicen muestras de jóvenes en tratamiento, ya que, en su mayoría, los estudios encontrados están realizados con población general. Estos resultados quedan abiertos a cualquier debate, es posible que con la utilización de muestras más representativas y similares entre si,  los mismos puedan ser corroborados, ampliados o refutados. 

Los resultados muestran que ciertas Variables de Interacción Psicosocial, indicadores de personalidad y variables personales pueden estar influyendo en la conducta de consumo de estos jóvenes. Además de estas, es importante tener en cuenta las características familiares, pero de manera muy especial, la asociación entre el uso de drogas y dos aspectos importantes a esta edad: la diversión y los vínculos afectivos con sus iguales. Por ello, sería indispensable abordar la gestión del tiempo libre, facilitando alternativas diferenciadas a los modelos de entretenimiento, ocio y diversión asociadas al consumo. De igual manera, habría que tener en cuenta que el uso de drogas se inicia, refuerza y mantiene a través de los modelos e interacciones con el grupo de iguales.

En conclusión, a pesar de los avances en el estudio de la personalidad y las diferencias individuales, la intervención con adolescentes sigue planteando retos, pero, especialmente, la intervención con aquellos adolescentes que, por su significativa incursión en el consumo, se encuentran expuestos a un mayor número de factores de riesgo. Su conocimiento es fundamental y se subraya la necesidad de incluirlos en las políticas de prevención y tratamiento teniendo en cuenta, además de su problemática de consumo, sus características individuales y la singularidad de sus procesos en cuanto a su edad. 

Anexo 1– Gráficos

Anexo 2 – Tablas

 

 

Tabla 1. Estadísticos de tendencia central en las variables del VIP en función de la edad y los resultados de la prueba t.

Tabla 2. Estadísticos de tendencia central en las variables del VIP en función de estudios y los resultados de la prueba t.

Tabla 3. Estadísticos de tendencia central en las variables del VIP en función del consumo y los resultados de la prueba t.

Tabla 4. Estadísticos de tendencia central en las variables del VIP en función de situaciones legales  y los resultados de la prueba t.

Tabla 5. Estadísticos de tendencia central en la escala Búsqueda de Sensaciones en función de la edad y los resultados de la prueba t.

Tabla 6. Estadísticos de tendencia central en la escala Búsqueda de Sensaciones en función de los estudios y los resultados de la prueba t.

Tabla 7. Estadísticos de tendencia central en la escala Búsqueda de Sensaciones en función del policonsumo y los resultados de la prueba t.

Tabla 8. Estadísticos de tendencia central en la escala Búsqueda de Sensaciones en función de la conducta delictiva y los resultados de la prueba t.

 Tabla 9. Correlaciones de Pearson significativas entre las escalas del VIP

**. La correlación es significativa al nivel 0,01 (bilateral).                                                             

*. La correlación es significante al nivel 0,05 (bilateral).                                                            

a. No se puede calcular porque al menos una variable es constante.   

Tabla 10. Correlaciones de Pearson significativas entre las escalas del VIP y las escalas del MACI

**. La correlación es significativa al nivel 0,01 (bilateral).                                   

*. La correlación es significante al nivel 0,05 (bilateral).                          a. No se puede calcular porque al menos una variable es constante.

Tabla  11. Correlaciones de Pearson significativas entre las escalas del VIP y las escalas del MCMI II

**. La correlación es significativa al nivel 0,01 (bilateral).                                                              

*. La correlación es significante al nivel 0,05 (bilateral).                                                              

a. No se puede calcular porque al menos una variable es constante.  


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